jueves, 6 de noviembre de 2014
Lo que cuesta seguir a Jesús
domingo, 14 de septiembre de 2014
Nuestra Señora de los Dolores
Juan 19,25-27
«Y junto a la cruz de Jesús estaban Su madre, y la hermana de Su madre, María, la mujer de Cleofas, y María Magdalena. Y cuando Jesús vio a Su madre, y al discípulo a quien El amaba que estaba allí cerca, dijo a Su madre: "¡Mujer, ahí está tu hijo!" Después dijo al discípulo: "¡Ahí está tu madre!" Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su propia casa.»
Palabra del Señor
Gloria a Ti, Señor, Jesús
a) Ayer, en muchas partes del mundo, se celebró la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz. Hoy recordamos a Nuestra Señora, la Virgen de los Dolores. Al recordarla ahí, al pie de la Cruz tenemos una ocasión propicia para volver a vivir el momento decisivo de la historia de la salvación y para venerar, junto con el Hijo exaltado en la Cruz, a la madre que comparte su dolor.
La escena típica para la fiesta de hoy es la estampa impresionante de una mujer al pie de la Cruz donde está siendo ajusticiado su Hijo inocente. Casi todos los discípulos han huido. Son cobardes. Pero la madre está allí, sin discursos, sin gestos desgarradores, con un dolor inmenso, pero recia, fuerte.
Estamos celebrando algo más que una anécdota, algo más que el sentimiento de una mujer juntó a su hijo moribundo. Es el misterio de María en los planes de Dios: María junto a Jesús en su hora pascual, compartiendo su muerte y, luego, su gloria. En cierto modo, la memoria de hoy completa la celebración de la fiesta de ayer: la Cruz de Cristo se hace también cruz de sus seguidores, de su comunidad, representada en primer lugar por su Madre.
En el Evangelio, toda la vida de María se nos presenta como una experiencia continuada de dolor, junto a momentos de intensa alegría y júbilo, como el Magnífica.
De verdad, María de Nazaret aparece como mujer "experta en dolor" y como modelo en el camino del seguimiento de Cristo: la tristeza de dar a luz en el establo, el anuncio de Simeón, la huida a Egipto, la pérdida del niño en el viaje al templo, la sorpresa de no entender su lenguaje, los malos entendidos y la persecución que se van acumulando sobre el joven profeta cuando empieza su misión pública y, sobretodo todo, su muerte en la Cruz y la sepultura.
b) Nosotros nos unimos, del mismo modo, en un viacrucis más o menos dramático, a la Cruz de Cristo y compartimos su destino de entrega. Por eso le pedimos a Dios en la Misa de hoy: "Haz que la Iglesia, asociándose con María a la pasión de Cristo, merezca participar de su resurrección".
Conviene que hoy dirijamos nuestra mirada a la Virgen de los Dolores, contemplándonos nosotros mismo en su camino de seguimiento de Cristo. Para recibir la fuerza en el ejemplo de Jesús y, también, en la admirable entereza de su Madre que, precisamente al pie de la Cruz, fue constituida madre de todos nosotros: "He ahí a tu madre".
c) Gracias Señor por tu Palabra en la que pude reflexionar sobre el gran tesoro que tengo al tener a Santa María como mi Madre. Que esta toma de conciencia me ayude a ser dócil a sus enseñanzas y cuidados, para que pueda ser cada día un mejor hijo de María. Amén.
jueves, 14 de febrero de 2013
Únete a Cristo, regresa al camino
Del santo evangelio según san Lucas 9, 22-25
En aquel tiempo, dijo Jesús: “El Hijo del hombre debe sufrir mucho, y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar al tercer día”. Decía a todos: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí, ése la salvará. Pues, ¿de qué le sirve al hombre haber ganado el mundo entero, si él mismo se pierde o se arruina?”.
Oración introductoria
Jesús, se nota que lo que Tú querías no era -ni ha sido nunca- ganarte un buen número de seguidores que quisieran ir en pos de ti para hacer milagros, o para adquirir mucha fama entre la gente, o incluso para vivir un evangelio diseñado a su comodidad. Por eso, desde que predicaste tu mensaje, dejaste bien claro que implicaba necesariamente la cruz, renunciar a sí mismo, perder la vida por Ti. Ese es el camino para seguirte, para acercarnos al misterio tan gigante de tu persona y para encontrar en Ti la verdadera vida.
Petición
Jesús mío, dame mucha fe y amor para llevar la cruz que tú me has dado, pues es el camino por donde has querido que te encuentre y llegue hasta Ti.
Meditación del Papa
Es necesario recordar siempre las palabras del Concilio Vaticano II: “De nada sirve al hombre ganar todo el mundo si se pierde a sí mismo. No obstante, la espera de una tierra nueva no debe debilitar, sino más bien avivar la preocupación de cultivar esta tierra, donde crece aquel cuerpo de la nueva familia humana, que puede ofrecer ya un cierto esbozo del mundo nuevo” [...] El Evangelio es la mayor fuerza de transformación del mundo, pero no es una utopía ni una ideología. Las primeras generaciones cristianas lo llamaban más bien el “camino”, es decir, la manera de vivir que Cristo practicó en primer lugar y que nos invita a seguir. A la ciudad “de la paz” se llega por este camino, que es el camino de la caridad en la verdad, sabiendo bien -como también nos recuerda el Concilio- que “no hay que buscar esta caridad sólo en las grandes cosas, sino especialmente en las circunstancias ordinarias de la vida” y que, siguiendo el ejemplo de Cristo, “debemos cargar también la cruz que la carne y el mundo imponen sobre los hombros de los que buscan la paz y la justicia.” (Benedicto XVI, 8 de mayo de 2011).
Reflexión
El camino que Cristo propone es difícil. Pero ¿qué es aquello que ha movido a tantos hombres y mujeres a seguir a alguien que predica todo lo contrario de que el mundo de hoy ofrece? Es cierto, que hay algo de locura en esto. Una locura que experimentan sólo quienes han conocido a Cristo y, por consiguiente, le han experimentado vivo y enérgicamente atractivo. Por algo el Papa Juan Pablo II gritaba con ardor en sus labios: “¡Abrid de par en par las puertas a Cristo! ¿Qué teméis? Tened confianza en él. Arriesgaos a seguirlo. Esto exige, evidentemente, que salgáis de vosotros mismos, de vuestros razonamientos, de vuestra «prudencia», de vuestra indiferencia, de vuestra suficiencia, de vuestras costumbres no cristianas que quizá habéis adquirido. Dejad que Cristo sea para vosotros el camino, la verdad y la vida. Dejad que sea vuestra salvación y vuestra felicidad.”
Propósito
Sobrellevaré con gozo las contrariedades y dificultades que forman mi cruz de este día.
Diálogo con Cristo
Jesucristo, estoy dispuesto a seguirte por este camino hermosísimo de ser cristiano. Ante todo lo que Tú has hecho por mí, no encuentro otro camino para corresponderte que rendirme a tus pies para aprender de Ti, para vivir lo que Tú viviste. Sé que este camino entraña abnegación y sacrificio, y será fecundo sin comparaciones si busco encontrarte.
“Pon amor donde no hay amor, y sacarás amor” (San Juan de la Cruz).
Miguel Esponda / es.catholic.net


