Mostrando entradas con la etiqueta seguimiento. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta seguimiento. Mostrar todas las entradas

jueves, 6 de noviembre de 2014

Lo que cuesta seguir a Jesús


San Lucas 14,25-33

«Mucha gente seguía a Jesús; y él se volvió y dijo: 
"Si alguno viene a mí y no me ama más que a su padre, a su madre, a su esposa, a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, y aun más que a sí mismo, no puede ser mi discípulo. Y el que no toma su propia cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo. 
Si alguno de ustedes quiere construir una torre, ¿acaso no se sienta primero a calcular los gastos, para ver si tiene con qué terminarla? De otra manera, si pone los cimientos y después no puede terminarla, todos los que lo vean comenzarán a burlarse de él, diciendo: “Este hombre empezó a construir, pero no pudo terminar.” O si algún rey tiene que ir a la guerra contra otro rey, ¿acaso no se sienta primero a calcular si con diez mil soldados puede hacer frente a quien va a atacarlo con veinte mil? Y si no puede hacerle frente, cuando el otro rey esté todavía lejos, le mandará mensajeros a pedir la paz. 
Así pues, cualquiera de ustedes que no deje todo lo que tiene, no puede ser mi discípulo.»
Palabra del Señor.
Gloria a Ti, Señor, Jesús

a) El seguimiento de Jesús no va a ser fácil. Podemos explicarnos en parte lo que él lamentaba ayer, que algunos no aceptan la invitación al banquete de su Reino, porque es exigente y no se trata sólo de sentarse a su mesa.

Hoy nos dice que, para ser discípulos suyos, hay que "posponer al padre y a la madre, a la familia, e incluso a sí mismo", y que hay que estar dispuestos a "llevar la cruz detrás de él".

Pone Jesús dos ejemplos de personas que hacen cálculos, porque son sabias, y buscan los medios para conseguir lo que vale la pena. Uno que ajusta presupuestos para ver si puede construir la torre que quiere. Otro que hace números, para averiguar si tiene suficientes soldados y armas para la batalla que prepara. Así deberían ser de espabilados los que quieren conseguir la salvación.

b) Seguir a Jesús es algo serio. Comporta renuncias y cargar con la cruz y posponer otros valores que también nos son muy queridos.

Si se tratara de hacer una selección en las páginas del evangelio, y construirnos un cristianismo a nuestra medida, "a la carta", entonces sí que podríamos prepararnos un camino fácil y consolador. Pero el estilo de vida de Jesús es exigente y radical, y hay que aceptarlo entero. La fe en Cristo abarca toda nuestra vida.

¿Hemos hecho bien los cálculos sobre lo que nos conviene hacer para conseguir la vida eterna? ¿a qué estamos dispuestos a renunciar para ser discípulos de Jesús y asegurarnos así los valores definitivos? ¿somos inteligentes al hacer bien los números y los presupuestos, o nos exponemos a gastar nuestras energías en la dirección que no nos va a llevar a la felicidad? Para las cosas de este mundo solemos ser muy sabios, y las programamos y revisamos muy bien: negocios, estudios, deportes. ¿También nos sentamos a hacer números en las cosas del espíritu?

Jesús, para llevar a cabo su misión salvadora de la humanidad, renunció a todo, incluso a su vida. Por eso fue constituido Señor y Salvador de todos. Y nos dice que también nosotros debemos saber llevar la cruz de cada día, para hacer el bien como él y con él.

c) Gracias, Señor, por tu mensaje. Tú me invitas a tomar mi cruz y seguirte cada día. ¡Me cuesta tanto, Señor, no quejarme y seguirte con confianza y alegría! Por eso te pido, Buen Amigo, que me ayudes a ser tu Cireneo y que cargando mi cruz cotidiana pueda ayudarte, aunque sea humildemente, cargando la tuya. Amén.

martes, 30 de septiembre de 2014

Para seguir a Jesús

          

San Lucas 9,57-62

«Mientras iban de camino, un hombre le dijo a Jesús: 
—Señor, deseo seguirte a dondequiera que vayas. 
Jesús le contestó: 
—Las zorras tienen cuevas y las aves tienen nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde recostar la cabeza. 
Jesús le dijo a otro: 
—Sígueme. 
Pero él respondió: 
—Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre. 
Jesús le contestó: 
—Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú ve y anuncia el reino de Dios. 
Otro le dijo: 
—Señor, quiero seguirte, pero primero déjame ir a despedirme de los de mi casa. 
Jesús le contestó: 
—El que pone la mano en el arado y sigue mirando atrás, no sirve para el reino de Dios.»
Palabra del Señor 
Gloria a Ti, Señor Jesús 

a) Hoy leemos tres breves episodios de "vocación" a su seguimiento, con situaciones diferentes y respuestas que parecen paradójicas por parte de Jesús.

A uno que le quería seguir, Jesús le advierte que no tiene ni dónde reclinar la cabeza: menos que los pájaros y las zorras, que tienen su nido o su madriguera. A otro le llama él, y no le acepta la excusa dilatoria de que tiene que enterrar a su padre: "deja que los muertos entierren a sus muertos". Al que le pide permiso para despedirse de su familia, le urge a que deje el asunto así, porque sería como el que pone la mano en el arado y sigue mirando atrás.

b) Las respuestas no se deben tomar al pie de la letra, sino como una manera expresiva de acentuar la radicalidad del seguimiento que pide Jesús, y su urgencia, porque hay mucho trabajo y no nos podemos entretener en cosas secundarias.

Con su primera respuesta, nos dice que su seguimiento no nos va a permitir "instalarnos" cómodamente. Jesús está de camino. Como Abrahán desde que salió de su tierra de Ur y peregrinó por tierras extrañas cumpliendo los planes de Dios.

Con la segunda, Jesús no desautoriza la buena obra de enterrar a los muertos. Recordemos el libro de Tobías, en que aparece como una de las obras más meritorias que hacía el buen hombre. A Jesús mismo le enterraron, igual que hicieron luego con el primer mártir Esteban. Lo que nos dice es que no podemos dar largas a nuestro seguimiento. El trabajo apremia. Sobre todo si la petición de enterrar al padre se interpreta como una promesa de seguirle una vez que hayan muerto los padres. El evangelio pone como modelos a los primeros apóstoles, que, "dejándolo todo, le siguieron".

Lo mismo nos enseña con lo de "no despedirse de la familia". No está suprimiendo el cuarto mandamiento. Es cuestión de prioridades. Cuando el discípulo Eliseo le pidió lo mismo al profeta Elías, éste se lo permitió (I R 19). Jesús es más radical: sus seguidores no tienen que mirar atrás. Incluso hay que saber renunciar a los lazos de la familia si lo pide la misión evangelizadora, como hacen tantos cristianos cuando se sienten llamados a la vocación ministerial o religiosa, y tantos misioneros, también laicos, que deciden trabajar por Cristo dejando todo lo demás.

Sin dejarnos distraer ni por los bienes materiales ni por la familia ni por los muertos. La fe y su testimonio son valores absolutos. Todos los demás, relativos.

c) Señor, hoy quiero renovar mi deseo de seguirte y responder generosamente al llamado que me has hecho. No permitas que mis excusas comprometan mi entrega. 

Te pido también por las vocaciones sacerdotales, religiosas y laicales para que escuchando tu llamado, respondan sin retrasos ni egoísmos al llamado que a todos nos haces para la santidad, la ayuda a los demás y al servicio de tu Reino.

Gracias Buen Señor por este espacio de encuentro contigo. Ayúdame para que lo aprendido al reflexionar en tu palabra me ayude a seguir adelante en mi vida cristiana, sin volver la mirada atrás, sino que por el contrario con el horizonte fijo en Ti. Amén.